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El futuro del cine (1): Las salas, o Cinesa Luxe para ver la película tumbado

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Comienzo con éste, una serie de artículos (y podcast también, por supuesto) en los que quiero compartir con vosotros una serie de ideas sobre cuál puede ser el futuro del cine. En primer lugar, porque creo que cuando miramos hacia el futuro tenemos una tendencia demasiado acusada a verlo todo negro. Y en segundo lugar, porque en el caso del cine, lo mismo es verdad. Esperemos que no.

Las salas de cine, ese espacio que calificamos con frecuencia como mágico y donde tiene lugar una especie de liturgia por la cual nos sumergimos (si tenemos suerte) en el fascinante mundo de una película. Pues bien, reconozco que me he planteado la necesidad de este artículo a raíz del disfrute que supuso ver una película como “Misión imposible: Fallout” (vamos, la sexta de la saga) en los Cinesa Lux de Madrid Xanadú.

Para bien o para mal, no soy habitual de Cinesa, ni del centro comercial Xanadú ni mucho menos de las películas de Tom Cruise. Es más, creo recordar que “Misión imposible” sólo he visto la primera y, a lo mejor, puede que haya visto la segunda o parte de ella en televisión. No es el cine que me interesa y el que tratamos habitualmente en Radiocine, pero sí es un tipo de cine que técnicamente resulta impecable. Una película tan increíble como ésta sólo la disfrutas si los efectos visuales, pero sobre todo el sonido hacen que resulte no ya creíble, como por lo menos entretenida. Y sí, las dos horas y media pueden pasar más o menos entretenida, aunque luego se olviden muy rápidamente.

En cuanto al futuro del cine, que se supone que es el tema de este artículo. Parece, pues este sistema ya se ha implantado en Estados Unidos y Canadá entre otros países, que pasa en parte por las grandes butacas reclinables que inauguraron el pasado jueves 26 de julio en Cinesa Xanadú Luxe (el apellido de Luxe viene porque las quince salas incorporan ya estas butacas). La pregunta, pues, es: ¿serán el futuro del cine?

Pienso que muy bien pueden ser el futuro de este tipo de cine. Me explico. Todos los que pensamos que la puesta en escena de Haneke en “La cinta blanca”, los planos secuencia de Béla Tarr en cualquiera de sus películas pero especialmente en “Satantango” o el uso del sonido de un recién llegado como László Nemes en “Hijo de Saúl”, por poner sólo esos tres ejemplos, son una muestra de lo más fascinante que tiene el cine, que es ahondar en el alma humana por medio del arte, los que pensamos eso y amamos este tipo de películas, no podemos vivirlas (porque las vivimos, no sólo las vemos) tumbados y tomando palomitas de sabores junto con un gin-tonic. Pero eso no implica que despreciemos a ese tipo de cine, ¡por favor!

Creo que en alguna crónica de Cannes lo he explicado. Para mí no hay experiencia que supere a poder hablar de cine con alguno de los grandes críticos como Michel Ciment. Pero si en Cannes voy a ir a alguna fiesta, no iría con dicho crítico, que tiene más de 80 años. En este caso, igual. Para ver una película de acción, de impacto, para ir al cine en realidad para pasar un rato con los amigos (y no para mandarles callar porque interrumpen nuestra conexión con lo que se ve en la pantalla), lo mejor es verla en los Cinesa Luxe de Xanadú y, a ser posible, en la sala iSens, donde el Dolby Atmos funciona de maravilla y el sonido te deslumbra (me gustaría ver algún día en una sala de ésas la ya citada “Hijo de Saúl”, pero creo que será difícil).

Para esas películas es para las que tienen sentido estas salas, y el bar especial que han diseñado (Oscar’s bar, le llaman), donde puedes tomar Coca-Cola de distintos sabores, cerveza, vino, gin-tonic, palomitas de sabores, jamón, queso, embutidos, muffins, cronuts, croissants, etc. Entre salir con los amigos a un lugar donde te cobran una millonada por una “música” insoportable y donde sólo se puede intentar hablar a gritos y ver una película, tumbado, tomándote lo que quieras y disfrutando al máximo de los efectos especiales, me quedo con esto último.

No comparo con ver, por ejemplo, una película de Óliver Laxe en una sala pequeña, como pueda ser un Artistic Metropol o ver un documental en La Morada. Esas experiencias sí que tienen que ver con lo que al principio explicábamos como magia, liturgia, arte. Y seguramente sean también, o mejor dicho, sean principalmente el futuro del cine. O mejor dicho, del Cine.