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Cannes 2018 o el incierto futuro de los festivales de cine

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Sé (o imagino) lo que muchos pensaréis, que el título de este artículo es una incitación a la polémica o al clic. Puede ser, pero fundamentalmente es la primera reflexión que me hago respecto al fenómeno, que personalmente tan fascinante encuentro, de los festivales de cine.  Reflexión que realizo después de casi 10 horas de vídeo que hemos realizado en Cannes. Trabajo que es más fácil de hacer gracias al alquiler de cámaras de vídeo en Barcelona.

Si bien es cierto que empezaron (en Venecia) como una forma de propaganda política -en su momento para Mussolini, por supuesto- y siguieron como una manera de extender o anticipar la temporada turística en ciudades como la ya citada Venecia, San Sebastián y, por supuesto, en Cannes, los festivales se terminaron convirtiendo en el lugar privilegiado para descubrir obras de arte cinematográficas.

Por poner unos pocos ejemplos, en Cannes se consagró Apocalypse Now, en San Sebastián se estrenó la primera película de La guerra de las galaxias, cuando nadie sabía nada de la saga o, más recientemente, Berlín descubrió a Paul Thomas Anderson con el oso de oro de Magnolia.

La oportunidad de oro de los festivales

En este sentido, la “era de Internet” en que estamos viviendo, con la proliferación de películas gracias a la supuesta democratización de la producción cinematográfica, supone una oportunidad de oro para los festivales, pues necesitamos una guía, que una persona o institución con prestigio nos orienten en el sentido de qué película/s debemos ver para satisfacer nuestra necesidad de ver lo que se supone que es buen cine.

La palma, el oso, el león o la concha, todos ellos de oro, deberían ser referencias imprescindibles del buen cinéfilo, pero no basta con eso, los festivales necesitan, en primer lugar, la colaboración de la prensa cinematográfica y, en segundo, contactar con su público. Y su público no es solamente el que acude al festival (masivo en el caso de Berlín, prácticamente ausente en el de un festival casi sólo para profesionales como Cannes), sino sobre todo el que asiste a ver las películas reconocidas con la selección e incluso con algún premio por parte de dicho festival.

Y es ahí donde Cannes, este año, parece que empieza a fallar y creo que debería replantearse su futuro.

Cannes 2018: la insignificancia de los selfies y otras cosas más serias

En este sentido el Festival de Cannes 2018 quedará como una edición con una buena selección (2016, pese al palmarés, fue una edición más completa y con más sorpresas), pero en la que la deriva del festival de cara al futuro se tornó un tanto extraña, con unas decisiones que suponían una cierta polémica, pero que en el fondo terminaban alejando al certamen de la modernidad y de su público.

Dejando de lado el tema de la prohibición de los selfies en la alfombra roja (que tiene su cierta lógica, sobre todo para acelerar la entrada), Cannes tomó una serie de decisiones que parecían encaminadas a reducir el poder de influencia de la prensa. Y eso, en definitiva, supone reducir su propio poder. El nuevo esquema de pases de prensa, por mucho que intente arreglarlo su delegado general Thierry Frémaux, pretende que no se vuelvan a producir abucheos como el de Diré tu nombre, de Sean Penn, en 2016. No le convence a Frémaux la tendencia generalizada de calificar una película como “obra maestra” o “desastre” nada más terminar a través de Twitter, y en ese sentido tiene razón, pero por otro lado Twitter también puede favorecer que los usuarios posteriormente enlacen con una crítica más razonada y, en el fondo, es sólo una especie de termómetro del sentir generalizado, no se pretende que sea un ensayo de André Bazin.

La batalla por el cine: Quijote y Netflix

El otro terreno donde se libraba la guerra era, lógicamente, el del cine. Y en ese sentido, el festival se erigió como abanderado de una película que, por todas las vicisitudes de su rodaje, se ha constituido en un ejemplo de la lucha por hacer reales los sueños, que es la base del cine: El hombre que mató a don Quijote.

En el año 2002, Keith Fulton y Louis Pepe iban a hacer un “making of” de la nueva película de Terry Gilliam, basada lejanamente en el clásico inmortal de Cervantes. Pero el rodaje de la película se paró a los pocos días y dicha película, como tal, no vio la luz (hasta hoy, eso sí). Gracias a eso, estos directores hicieron un documental, Lost in La Mancha, que se convirtió en referencia obligada para todos los que alguna vez hemos estudiado producción cinematográfica. De ahí, en gran parte, viene la aureola mítica de la película, así como de la tenacidad de Terry Gilliam en sacar adelante la película. Las malas formas de un productor portugués, Paulo Branco, y la implicación del festival y del propio Frémaux han hecho el resto para conseguir una de las este año muchas polémicas de Cannes. Para mí, ésta es la mejor, pues implica al mundo del cine y terminó con éxito: El hombre que mató a don Quijote no es un peliculón, pero sí una obra interesante, que gana según avanza el metraje y que espero que recupere en taquilla lo que ha perdido con la, al final, retirada de la distribución por parte de Amazon.

Hablando de Amazon, el festival ha mantenido su veto a Netflix por que ésta se niega a estrenar las películas que distribuye en salas francesas. Una especie de polémica que terminará (supongo) cuando la ley francesa deje de prohibir que se exhiban en internet las películas estrenadas en salas hasta tres años después de su paso por las mismas. Hoy en día, parece una ley medieval, pero el poder de los exhibidores en Francia y en Cannes es inmenso.

Mujeres en el cine: ¿dónde están?

Que después del #metoo sólo haya tres películas en la Sección Oficial de Cannes, alguna de ellas muy mala (Las hijas del sol, de Eva Husson) debería llevar a preguntar qué le pasa al festival. En este tema, desde luego, está perdido; el Festival de Toronto le ha ganado la partida clarísimamente y si sigue sin ponerse al día y sin repensar cuáles son sus criterios, va a seguir siendo en el futuro uno de sus principales problemas. No se trata de que tengan que entrar en Selección Oficial mujeres porque sí, sino de que Cannes se está mostrando incapaz de descubrir nuevas directoras. Sí, claro, se puede decir que Maren Ade se consagró con Toni Erdmann en Cannes, pero recordemos que esa película, que ganó el premio FIPRESCI (el de la crítica) no se llevó nada en el palmarés oficial y que el propio Frémaux había pensado en relegarla a la sección Una cierta mirada.

Conclusión: sigue siendo el más querido, pero tiene que ganarse nuestro amor

No nos engañemos, Cannes sigue siendo el festival más querido por los productores porque es el que mejores ventas consigue, sigue siendo el que tiene más repercusión, sigue siendo la referencia.

Este año ha contado con una selección notable, no en vano es el primer festival al que se dirigen las películas de cine de autor casi de todo tipo de presupuestos, aunque en algunos casos (Sección oficial sobre todo) el festival escoja las que han contado con un mayor respaldo financiero. Y en Radiocine lo hemos contado, podéis ver la cobertura que hemos hecho del Festival de Cannes en vídeo, gracias a las múltiples empresas de alquiler de material audiovisual como, por ejemplo, Aclam Rental..

Ahora bien, Internet, con todas sus posibilidades está ahí y el festival no puede pensar que sólo sirve para guardar sus ruedas de prensa o emitir su, por otro lado, interesantísima radio on-line. Debe pensar en Internet como su aliado y este año, parece, lo único que ha hecho es alejarse de él, tanto como sigue haciéndolo del cine dirigido por mujeres.